Triunfa la mediocridad y nos regodeamos en ella. La última gran aportación de la campaña electoral americana es gritar "es igual que nosotros!". Como si eso fuera el valor supremo, no es la primera vez que lo oigo. En las ultimas elecciones españolas también un candidato repitió varias veces "yo soy un hombre normal". Yo no espero que me gobierne lo normal. Kennedy no era normal, era más inteligente, más rápido, más guapo, con más carisma, y con más visión que la mayoría de sus conciudadanos. Suarez, por poner un ejemplo neutro tampoco era lo normal de la España de finales de los setenta. Pero la gente les votó. Les gustaba verse representados por alguien que les mostraba no lo que eran sino lo que podían llegar a ser. Lamentablemente, desde el colegio, el instituto, la universidad y no digamos la empresa parece que el que destaca molesta. Los niñós a veces tienen esa envida y atacan al que destaca. Pero y los adultos? Nos molesta lo que nos hace recordar que no somos tan maravillosos como creemos. Yo procuro alejarme de eso, procuro de rodearme de gente que valga la pensa, gente de la que pueda aprender. Desde luego para que sean mis lideres quiero gente mejor que yo, y también para que estén a mi lado, para que trabajen o convivan conmigo. Me fascina el poder aprender de otras personas.
En estas elecciones, frete a Obama, una persona culta, educada, con valores sociales, que ha trabajado y ayudado a su comunidad y que ha demostrado su capacidad de esfuerzo y superación tenemos a una mujer normal. Esta persona "normal" cree que el calentamiento global es un cuento, que los jovenes deben llevar armas a los instituos, que los métodos anticonceptivos los envía el diablo y que una mujer que haya sido violada debe ser obligada a tener ese niño.
Si eso es lo normal, es triste, muy triste.
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