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martes, 28 de julio de 2009

EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR

"Aquel monarca llevaba varios años con una china en el zapato. Su reinado no iba del todo mal, pero bondadoso como era, no dejaba de preocuparse de la suerte de una buena parte de sus súbditos afectados desde hacía bastante tiempo por una desdicha: el desempleo.
Por ello, cuando le anunciaron la llegada a la corte de dos sabios procedentes de la reputada Universidad de Chinchanflún con el deseo de explicar al monarca, en una audiencia privada, las nuevas teorías sobre el paro, se llevó una gran alegría.
Los pretendidos sabios eran en realidad dos grandes sinvergüenzas que amparándose en el nombre de aquella famosa universidad de allende de los mares, trataban de rentabilizar su azarosa estancia en aquellas latitudes aprovechándose del papanatismo dominante en su patria original. Tontos, claro está, no eran, y su dominio del idioma del País Maravilloso, donde tenía su sede la Universidad de Chinchanflún, así como su facilidad para aprender expresiones ininteligibles y sofisticadas técnicas estadísticas y matemáticas, les capacitaban sobradamente para ejercer su papel de embaucadores.
Aunque la dignidad de la realeza le impelía a mostrarse siempre a sus súbditos bajo el manto de la impasibilidad, nuestro monarca se puso a preparar la audiencia con auténtico fervor. Repasó los manuales que tuvo que estudiar durante su educación de Príncipe, mandó llamar en el mayor secreto a un viejo profesor para repasar y actualizar algunos conceptos, e invitó a la audiencia a los más renombrados catedráticos de las universidades de sus dominios.
Y por fin llegó el día tan esperado. Los catedráticos del Reino, expertos en desempleo, llegaron lujosamente ataviados y acompañados de los instrumentos propios de su condición, tales como libros de conjuros, amuletos de encontrar trabajo, frascos conteniendo espíritu competitivo, hierbas de sumisión, medicinas amargas de reducciones salariales, y múltiples varillas de flexibilización. Los dos sabios de la Universidad de Chinchanflún se habían presentado con anterioridad por recomendación del Jefe de Protocolo a fin de poder instalar en el salón del trono los artilugios necesarios para su exposición, tales como ordenadores personales conectados a pantallas de vídeo, proyectores de transparencias, y, como una concesión a la tradición, una clásica pizarra.
Pasaron los catedráticos al salón del trono y fueron presentados a los conferenciantes. Contrastaban los vestidos de unos y otros: los catedráticos de las tierras del Rey lucían bonetes en las cabezas, y sobre sus togas negras orladas de puñetas reposaban insignias y collares correspondientes a su dignidad. Los procedentes del País Maravilloso eran en cambio una explosión de color en sus diferentes atuendos, que sólo coincidían en cuanto a las pajaritas que ambos llevaban al cuello a modo de corbata y en el evidente uso de tirantes por parte de los dos. Los catedráticos saludaron con una leve inclinación de cabeza y los sabios invitados les correspondieron con una exhibición de sus blanquísimos dientes en una sonrisa que ya no les abandonó.
Llegó el rey y dio comienzo la audiencia. El propio monarca agradeció la presencia de todos los invitados y resaltó el orgullo que le embargaba al comprobar como dos de sus súbditos, con su esfuerzo y mérito, habían aprovechado tanto el tiempo en la gran universidad de más allá de los mares, que volvían como sabios dispuestos a solucionar el problema del desempleo que tanto preocupaba. Y sin más les cedió la palabra. 6
- Majestad, venerables catedráticos - dijo el primero de los pícaros - venimos en verdad a solucionar ese problema, pues tras años de profundo estudio y trabajo duro en la universidad que nos acogió, podemos afirmar sin lugar a dudas que el desempleo no existe.
-Pero antes de la demostración - dijo el segundo de ellos - solicito de vuestra benevolencia que nos permitáis expresarnos en el idioma del País Maravilloso, ya que, aunque nacidos en estas tierras y sólo ausente de ellas breves años, tendríamos cierta dificultad para expresar en nuestro idioma algunas sutilezas de nuestro discurso.
El rey dominaba, dada su exquisita educación, el lenguaje del País Maravilloso, algunos de los catedráticos lo entendían a medias y el resto no estaba dispuesto a reconocer su desconocimiento, con lo que, con la venia de su majestad, los dos mercachifles se aprestaron a vender su dudosa mercancía en aquel idioma.
Pero tampoco eran necesarias dotes de políglota para entender, o mejor no entender, lo que a continuación, y durante una hora, los dos individuos expusieron.
Proyecciones, simulaciones de ordenador, algoritmos y símbolos, se sucedían sin tregua con referencias continuas a trabajos de otros reputados sabios cuyos nombres oían por vez primera los asistentes, demostraciones matemáticas, conjeturas, refutaciones y evidencia empírica en una autentica representación abrumadora de sabiduría; y así hasta llegar a la conclusión profetizada: el desempleo no existe.
El rey no había entendido nada de lo que allí se había dicho, e incluso intuía que tal vez le estuviesen tomando el pelo, pero no quería quedar como tonto y así, al finalizar la exposición reconoció que lo dicho era "muy interesante".
Los catedráticos sabían con total certidumbre que aquello era una burla de tanta profundidad, al menos, como de las que ellos vivían. Pero dada la actitud del soberano se deshicieron en halagos ante la exposición y ponderaron con gravedad las conclusiones.
- ¿Y qué podemos hacer para que estas sabidurías - preguntó el rey a los timadores - se divulguen adecuadamente en nuestro reino?
Y ellos mostraron inmediatamente un presupuesto de gastos que tenían preparado con anterioridad. Al buen rey le pareció una barbaridad lo que se pedía por divulgar aquello que no entendía, pero como ni quería quedar como ignorante, ni como cicatero con la ciencia, lo aprobó. Los venerables catedráticos, que veían la posibilidad de sacar tajada en la maniobra, alabaron la decisión del monarca. Y así los parados dejaron de existir en aquel reino.
Los únicos que no se creyeron su desaparición fueron los que estaban, seguían y siguieron estando desempleados. Pero eran personas de pocas luces que no entendían la Gran Ciencia, y a casi nadie le importó mucho."

David Anisi

domingo, 14 de junio de 2009

LA PRINCESA Y EL GUISANTE

"Aquel hombre lo tenía todo, pero no dormía bien. Su salud era espléndida, y aparentemente nada le perturbaba, con lo que no sabía el por qué de su malestar mientras dormía.
Como a pesar de haber recibido una educación superior todavía conservaba cierta inteligencia, decidió no consultar con ningún psicólogo o psiquiatra y sentarse a reflexionar en una banqueta.
Nada le faltaba. Incluso cuando tenía que escribir la carta a los Reyes Magos debía esforzarse para imaginar algo que deseara y no tuviera. Aceptaba el paso del tiempo y los achaques con los que cautelosa y paulatinamente este le iba anunciando su progresivo deterioro. E incluso la muerte perdía poco a poco su matiz de espanto. No había razón para no dormir bien. Así que decidió consultar a una bruja.
La bruja lo primero que hizo, como se corresponde en nuestra época, fue sacarle los cuartos. Luego trató de explicar algunas cosas.
- Tus molestias en el sueño sólo se pueden deber a tres razones - le dijo -, o al desplome de la vida, o a las uvas no cogidas, o al guisante en el colchón.
Como la bruja, tras decir estas palabras, se empecinó en guardar silencio nuestro buen hombre, lamentando así por bajinis el dinero que aquello le había costado, volvió a su banqueta a reflexionar.
- No puede ser el desplome de la vida lo que no me deja dormir - se dijo -, ya que se que todo nace, crece, y deleitosamente o no, terminase acabando. Y tampoco creo - y esto lo tuvo que pensar más - que sean las uvas no cogidas lo que me impide descansar en paz. Luego tiene que ser - concluyó - ese asunto del guisante en el colchón.
A la mañana siguiente volvió a repasar las pistas de la bruja. Metió en un saco todo aquello del "desplome de la vida" y lo tiró con decisión a un contenedor de basura. Se enfrentó con lo de "las uvas no cogidas" y desfiló ante él toda una suerte de ocasiones negadas, unas mujeres deseadas con las que nunca disfrutó, países que no visitó, conocimientos a los que no tuvo acceso, y encrucijadas, al fin, en las que eligió un camino y no el otro. Determinó que ese no podía ser el problema por el que no podía dormir bien y pasó a la última insinuación de la bruja: "el guisante en el colchón".
Púsose entonces a buscar ese guisante. Abrió su mente a los recuerdos de la infancia y recordó los olores de cuando era pequeño. Visitó renovado y viejo a los terrores de la adolescencia y desplegó toda su capacidad de evocar el pasado. Luego, un tanto frenético, se puso abrir aquellos cajones clausurados en los que guardaba simplemente cosas. Encontró mechones de cabello, postales, reglas rotas, corchos de champán, navajas oxidadas, mecheros de gasolina, amuletos y cartas de amor. Allí no estaba el guisante que le impedía dormir plácidamente.
Así que se aprestó a vivir con su mal sueño olvidando a la bruja y a sus insinuaciones. Pasaron los años, el tiempo transcurría transformándonos a todos en algo distinto, y una mañana nuestro personaje tomó un viejo libro de poemas salvado del contenedor de basura. Cayó de entre sus páginas una hoja amarillenta recortada de un periódico en la que sobre una foto sobrecogedora se leía: "cien mil personas agonizan diariamente de hambre en el mundo por una mala distribución de los alimentos"
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Siguió viviendo bien y durmiendo mal, pero ya conocía la razón. No sabía qué hacer, pero hasta su muerte siempre consideró con vergüenza su pequeña molestia como algo mínimamente añadido al tremendo e inexplicable dolor de las gentes."


David Anisi

jueves, 21 de mayo de 2009

EL GATO CON BOTAS

"Aquel era un hermoso país y el Mercado quería poseerlo. Pero tenía pocas esperanzas porque sus habitantes eran felices en su sencillez y el mercado era para ellos solamente el sitio a donde se iba a hacer la compra.
El terrible Mercado tenía un esbirro, y este, viendo a su amo tan deseoso de reinar absolutamente en nuestro país le dijo un día:
- No os preocupéis mi señor, que las tierras y gentes que ambicionáis serán pronto vuestras. Dadme permiso para actuar y pronto caerán en vuestras manos como fruta madura.
Conseguido el permiso el esbirro se puso inmediatamente a actuar. Así al levantarse por la mañana todos los habitantes del país ambicionado se encontraron junto a su cama con un pequeño obsequio y una nota que decía: "Regalo de mi señor el Mercado. Acudid a la Plaza Mayor y tendréis más información sobre mi augusto señor"
Y muchos acudieron. Cuando ya se había reunido suficiente gente, el enviado del Señor Mercado se dirigió a ellos.
- Todos vosotros ya habéis recibido - les dijo - una primera prueba de lo que el Mercado puede hacer por vosotros. Pero eso es sólo el comienzo. He visto que vivís bien y en paz, pero os aseguro que viviríais mucho mejor y con más tranquilidad si el Mercado se enseñoreara de vosotros. Usáis sólo el mercado para lo indispensable y vuestra felicidad y libertad aumentarían si todos los aspectos de vuestras vidas estuvieran determinados por él. Pero - continuó - todos sabemos que una imagen vale más que mil palabras, y así os propongo que una delegación de vosotros visite un país en el que el Mercado es el dueño y señor absoluto.
Puestos a ser más felices, y dado que el servidor del Señor Mercado iba a correr con todos los gastos, unos cuantos decidieron ver si era cierto lo que les contaban, se despidieron de sus familias y partieron.
El esbirro eligió un gran país gobernado por gente sabia, y comenzó a mostrárselo. Empezaron visitando un maravilloso Parque Nacional.
- Observar - dijo a la delegación el siervo - la sabiduría con la que el mercado ha trazado las montañas y los ríos, escuchar el ruido del agua, del viento y el sonido de los animales libres por la actuación del mercado. Mirad esa limpieza del aire que sólo el mercado puede lograr. Deleitáos con la paz que estos paisajes proporcionan y que el mercado ha conseguido.
Y la delegación estuvo de acuerdo en que nada parecido en belleza a esos parajes tenían en su humilde país.
Las ciudades estaban sumamente cuidadas, el desempleo no existía y los delitos eran mínimos. Los habitantes de este país sabían que en caso de enfermedad iban a ser atendidos, que la educación estaba asegurada y que tendrían derecho a una pensión digna en su vejez, y todo ello, al eliminar miedos, aumentaba su libertad.
- Fijaros en la limpieza de las calles que consigue el mercado - explicó el esclavo a la delegación - mirad como se conserva gracias al mercado esa impresionante catedral gótica. Observar como, por el sometimiento al mercado, los jóvenes se enamoran, los niños juegan y los viejos conversan plácidamente en plazas tranquilas.
- Y aquí - preguntó uno de los miembros de la delegación - ¿no hay pobres ni mendigos?
- El mercado no lo consentiría. - Afirmó con aplomo el gran embustero. 12
Y todos los invitados al viaje coincidieron en que esa seguridad de las vidas, esa paz de las gentes y esas ciudades tan agradables no se encontraban en su pequeño país.
De vuelta a casa contaron al resto de sus compatriotas todas las maravillas que habían visto y una gran mayoría pensó en la conveniencia de que el mercado rigiera sus vidas.
Pero uno de los miembros de la delegación tenía la mosca detrás de la oreja. Así que invitó a su casa a un grupo de amigos y conocidos y les dijo:
- Todo lo que os hemos contado es cierto pues eso es lo que vimos, pero yo no estoy del todo seguro que esas maravillas sean consecuencia del acatamiento del mercado. Bien es verdad que algunas veces preguntamos a los habitantes de aquel país por algo que nos parecía muy bueno y nos contestaron que al mercado se debía todo. Pero me pareció que esa contestación estaba provocada por algún tipo de amenaza que el siervo del Mercado les había hecho. Lo que os propongo - concluyó - es que nos organicemos para promover una discusión seria sobre el mercado antes de precipitarnos en sus brazos.
Y así constituyeron una organización a la llamaron REFLEXIÓN que se oponía a la aceptación avasalladora del mercado antes de sopesar las razones y de observar otros países visitándolos esta vez por cuenta propia.
El enviado del Mercado veía con suspicacia cualquier tipo de organización, pero esta particularmente le preocupaba seriamente. Así que un día se presentó en una asamblea de REFLEXIÓN y les dijo:
- Ya sé que sois poderosos porque estáis organizados, pero no creo que pertenezcáis libremente a esa asociación, sino que alguien os fuerza a hacerlo.
Sólo os respetaré - continuó - si me demostráis que vuestra unión es voluntaria, y para ello deberéis disolver REFLEXIÓN y luego volver a constituirla.
Todos los miembros estaban convencidos de que estaban allí porque les daba la gana, con lo que para probar su libertad se disolvieron con el ánimo de reconstruirse posteriormente. Pero no pudieron hacerlo, ya que el enviado del Mercado, fue eliminándolos uno a uno.
Así, sin ya oposición, el esbirro marchó a ver a su amo y le dijo:
-Como te prometí, el país que deseabas es ahora tuyo. Ya puedes dominarle.
Y el mercado lo dominó."


David Ansi

Datos personales

Mi foto
Leonard Pera: Nace en Barcelona en 1972. Licenciado en empresas por la UAM. Postgrado telecomunicaciones por la Escuela de Ingenieros de Madrid, en Comercio Internacional por la Cámara de Comercio y en Unión Europea por la Escuela Diplomática. Tras trabajar 5 años en Telefónica como responsable de las relaciones con los operadores de la Unión Europea, en el año 2001 se incorpora al Grupo Deutsche Telekom como responsable del lanzamiento del mercado telecomunicaciones en España en funciones de Director de Carrier Services. Desde Febrero del 2007 Responsable del Negocio de Telecomunicaciones para el mercado corporativo y desde Mayo del 2007 Director de ITC Sales & Support. Es además, es responsable de Comisión Internacional de Autelsi y Miembro de la Junta Directiva de la Asociación Española de Consultoría. Es Miembro del CATSI, Consejo Asesor del Ministerio de Industria. Profesor en el Master de Telecomunicaciones de Cremades y ponente habitual Internet Global Congress, VIP Events, etc.